Wednesday, December 23, 2020

MATERIALES PARA LA HISTORIA DE LA POESÍA PERUANA XIV: NORMALIZANDO LA DIATRIBA

NORMALIZANDO LA DIATRIBA 

Por José Antonio Mazzotti



Uno de los grupos formados en la Generación del 80: los "Tres Tristes Tigres" 
(Raúl Mendizábal, José Antonio Mazzotti y Eduardo Chirinos).


Emblemática foto de los integrantes del "Movimiento Kloaka" en su etapa inicial. Encima del coche aparecen Mary Soto, Domingo de Ramos, José Alberto Velarde, Róger Santiváñez y Mariela Dreyfus. Parados: Edián Novoa y Guillermo Gutiérrez.


Algunas poetas representativas de la Generación del 80. De izquierda a derecha: 
Dalmacia Ruiz-Rosas, Tatiana Berger, Mariela Dreyfus, Patricia Alba y Rocío Silva-Santisteban.


Una persona que desconocía hasta hace poco, la socióloga Teresa Cabrera, ha justificado recientemente los insultos de Blanca Varela contra mi persona y otros (incluidos el ya finado y querido Eduardo Chirinos y el narrador Iván Thays) en una entrevista que le hicieron a la poeta en el primer número de la revista de pintoresco nombre Casa de citas en marzo del 2005. (La entrevista puede leerse aquí).

Lamentablemente, el artículo de Cabrera, "Viejas locas: Blanca Varela, autorización y desvarío", del 7 diciembre del 2020 en la nueva publicación virtual de nombre laperiódica, dista mucho de ser un ejercicio solvente de crítica cultural y solo normaliza algunas de las taras ideológicas que emanan de la misma entrevista. Pronto veremos por qué. 

Me gustaría contestar con la misma extensión las muchas páginas de Cabrera, pero son tantas las fallas de documentación, las exageraciones y las generalizaciones en las que incurre que me limitaré a unos cuantos puntos para demostrar su inconsistencia.

Su argumento central se resume en que Blanca Varela “raja” de mí en la mencionada entrevista como una reacción defensiva en favor de un grupo de poetas mujeres del 80, en noble gesto de “sororidad, como dicen las chicas ahora”, según concluye Cabrera. Los ataques de Varela se derivarían de una breve declaración mía en una entrevista periodística de marzo del 2004 que me hizo el poeta Maurizio Medo en la revista Brújula n. 3, que Cabrera ni siquiera cita directamente, sino a través de un par de fragmentos descontextualizados por Bethsabé Huamán Andía en una feble tesis de maestría sobre estudios de género hecha en México el 2007. 

Pero ocurre que esa declaración mía difundida por Huamán solo desarrolla una nota al pie en el prólogo de la antología El bosque de los huesos, publicada en México en 1995, es decir, diez años antes de la entrevista a Varela y doce de la referida tesis. Basada únicamente en una fuente recortada de segunda mano, Cabrera sostiene que una “Carta abierta de las escritoras peruanas” contra el “racismo de género” (?) del 11 abril del 2005, así como las mencionadas declaraciones de Varela en Casa de citas, son una consecuencia directa de la entrevista de Medo de marzo del 2004, exactamente un año antes. Sin embargo, como señalo, el fragmento citado por Huamán es una simple paráfrasis de una nota al pie de 1995, que critica explícitamente a uno de los periodistas de Caretas responsables de la campaña de “terruqueo” que se hizo a varios poetas del 80 tras la caída de Abimael Guzmán el 12 de setiembre de 1992. Ese periodista (dizque narrador del grupo Macho Cabrío) había sido pareja de una poeta aludida en la nota al pie y amigo personal de las poetas redactoras de la “Carta abierta”. Sus alabanzas espumosas de esa producción poética están bien documentadas. Un poco rara, entonces, la cronología que maneja Cabrera, pues ¿por qué no escribieron entonces, en el 95, la “Carta abierta” las poetas que se daban por ofendidas? ¿Y por qué Varela no reaccionó entonces? ¿O al menos en marzo del 2004?

Pues lo que le falta a Cabrera en esta teleología es una pieza fundamental, que ignora o deliberadamente oculta: la polémica que sostuvimos a principios de marzo del 2005 la poeta Mariela Dreyfus y yo en el suplemento Identidades del diario El Peruano a propósito de la antología La letra en que nació la pena, de Maurizio Medo y Raúl Zurita. En ella (¡oh sorpresa!) Dreyfus no había sido incluida. Fue a partir de esa polémica (una serie de soflamas de parte de Dreyfus, más bien, como llamar “Pedo” a uno de los antologadores) que esta y Rocío Silva-Santisteban (tampoco incluida en la antología) redactaron y circularon la “Carta abierta” tres semanas después. 

Hay que añadir, además, el contexto político inmediatamente anterior. En setiembre del 2003 algunos escritores de grupos rivales (los mismos de Caretas el 92) me acusaron de simpatizante de Sendero Luminoso en el suplemento Somos del diario El Comercio. ¿El motivo? Mi libro Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 (2002), en el cual analizo, sin prodigar flores, y entre otras, a las poetas redactoras de la “Carta abierta” y no incluyo a sus defensores (los susodichos periodistas de Caretas, ya pasados a Somos) como objeto de estudio. Una de esas poetas analizadas en mi libro hasta se animó a copiar y repartir la basca de Somos de manera alegre en medios académicos norteamericanos con evidente sevicia. Escritores como Eduardo González Viaña dieron cuenta de la patraña.

Tanto mi nota de 1995 como su paráfrasis del 2004 forman parte de una larga disputa (en el fondo política y hasta con tinte policial, como se puede ver) que Cabrera simplemente obvia. Por eso siempre es bueno llegar al fondo de la investigación. Si Cabrera hubiera escrudriñado mejor, se habría enterado también de que a la “Carta abierta de las escritoras peruanas” del 2005 respondieron numerosos intelectuales y poetas (hombres y mujeres) con otra “Carta de la Nueva Minoría Literaria” el 18 de abril de ese mismo año. Entre otras cosas, ahí se decía que “las declaraciones periodísticas en entrevistas […] representan el ejercicio de una libertad de expresión siempre personal y en dinámicas de polémicas específicas con unas pocas de las firmantes [de la “Carta abierta”], sin olvidar que, de su lado, han esgrimido insultos desde tiempos inmemoriales (‘Kloaka es un aborto de Hora Zero’, ‘pulgas de la academia’, ‘pedos’ humanos, 'chacras ridículas en el orden simbólico de lo literario'entre otros ejemplos) y lo siguen haciendo, como su carta abierta y diversas publicaciones demuestran”. 

Todo esto fue publicitado y difundido en revistas como la ya mencionada Caretas (que se refirió a la “Carta abierta” como una evidencia de que las “escritoras ejercen el derecho al pataleo”) y diarios como La República, en que el crítico Abelardo Oquendo calificó el “match” como un penoso empate entre “Ellos & Ellas”. La Caretas de 1992 era distinta de la del 2005, pues, como digo, ya esos redactores se habían pasado a Somos, donde interposita persona pergeñaron el detrito, siguiendo su campaña de difamación.

Las peleas literarias de mi generación se remontan al mismo año (1980) que marcó sangrientamente la vida de los peruanos y los distanció políticamente, cuando Cabrera ni siquiera había nacido, e incluso antes. Es claro que casi todo lo recibe reciclado; casi nada de ese intenso debate literario y político lo ha vivido en persona, salvo las quejas de sus amigas poetas, que cuando insultan quieren pasar por víctimas, pero cuando se les responde, invocan la autoridad de la abadesa. 

Que yo exprese mi opinión sobre la poesía de algunos y algunas autores del 80 es un derecho inalienable (algunas me parecen notables, otras efectistas y panfletarias). Que yo llame “desvaríos” y “estupideces” (en un post personal y comentarios de Facebook el 14 de julio de este 2020) a las declaraciones de Varela del 2005 es una réplica simplificada, más que a sus insultos (pues la poeta ya está muerta y no me interesó ocuparme del asunto en su momento), a los oportunistas y desinformados literatos que aún los repiten hoy, sin saber en qué se meten. Me parece de una bajeza insondable, como le escribí a uno de esos anélidos, seguir manchando –después de quince años– la memoria de Eduardo Chirinos tan frívolamente. “Desvaríos” termina siendo un eufemismo para calificar el clasismo insomne, la prepotencia y las taras ideológicas de una poeta consagrada que malhablaba desde un poder establecido y excluyente.

Pues, ¿por qué incluiría Blanca Varela a Eduardo Chirinos en su defensa de las “sororas”, llamándolo “hijo de militar” (vaya argumento clasista), “pulga” y “deshonesto”, lo mismo que a mí, cuando Eduardo jamás había opinado sobre la poesía de las mujeres del 80? ¿Dónde está la coherencia del argumento de Cabrera: vilipendiar a Chirinos era desagraviar a las “sororas”? ¿Y lo de Iván Thays “adulón”? Como diría el recordado Toño Cisneros, “esa rueda se atraca”. Y hay más: si le parecía a Varela que “todas las mujeres son putas” como declaró solemnemente para identificarse con la poesía de María Emilia Cornejo y Carmen Ollé, ¿no cree Cabrera que doña Blanca estaba incurriendo en una flagrante generalización? Hay que ser muy ciego (o muy cínico) para no darse cuenta. 

Peor aún: Cabrera insinúa que al referirme yo a los “desvaríos” de Varela la estoy llamando “vieja loca” y, por extensión llamo “viejas locas” a todas las ancianas de la tierra (y, de paso, “impulsivas” a las jóvenes y “paranoicas” a las adultas) en incontestable despliege de “machiruleo” digno de cargamontón. En un exceso de imaginación, señala que estaríamos frente a "una piadosa evolución de lo recomendado ante estos casos en el s. XIX: llévenla al manicomio o quémenle la imprenta". Convertido en semejante caricatura, hasta yo me “escracharía”.

Si realmente Cabrera y sus co-editoras creen tal embuste, me temo que nos encontramos ante un caso curioso de inseguridad personal y literaria o, como se diría en buen castellano, una carencia de correa de proporciones legendarias. Y no me refiero con esto a todas las mujeres, por supuesto. Los que me conocen de cerca (a Cabrera jamás la he visto en mi vida, menos conversado con ella) lo saben perfectamente. Encarezco la fortuna de haber tratado a numerosas y maravillosas mujeres a lo largo de mi vida, por las cuales guardo un profundo afecto, respeto y admiración. Mi directora de tesis doctoral fue una mujer. En los proyectos editoriales que coordino siempre hay mujeres de primer nivel intelectual. Cada vez que puedo, estudio y difundo la obra de poetas y críticas mujeres de descollante valía (y hay muchas). Me refiero ahora solamente a la despistada autora del engendro que motiva estas líneas y a sus co-editoras, de las cuales hay historias de intercambios de ataques (públicos y privados, propios de las “guerritas” literarias) que espero la redactora investigue con mejor suerte la próxima vez. De ninguna manera representan ellas ni las poetas supuestamente agraviadas “la voz pública de las mujeres”, como proclama Cabrera con supina arrogancia, hablando por media humanidad. 

A lo largo de mi carrera (ya son cuarenta años) he apostado por la creación de espacios de discusión que puedan alojar la heterogeneidad de nuestra comunidad intelectual, tanto en términos de género como también de raza. Basta mencionar la apertura de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana y de la Asociación Internacional de Peruanistas, sus congresos y publicaciones, para comprobar que ahí no hay ninguna agenda de exclusión de poetas e intelectuales de ningún tipo, sino todo lo contrario. El artículo de Cabrera termina siendo un nuevo intento de un grupito de autores y autoras por desprestigiar ese trabajo que siempre ha buscado construir un país menos racista y clasista de lo que es, denunciando los lobbys literarios (sin distinción de género), tan propios del “emprendedurismo” neoliberal y tan afectos a callarse la boca cuando de premios, ediciones y subvenciones se trata.

Una prueba más de ello ha sido mi urticaria mención el 14 de julio del 2020 de que Varela recibió una medalla del Congreso de la República en octubre del 2007 por gestiones de las promotoras de la “Carta abierta”, nada menos que de manos de Luis González Posada, presidente del Congreso de mayoría aprista durante el segundo gobierno del genocida Alan García Pérez. Cuando este tristemente célebre personaje fue presidente del Perú por primera vez entre 1985 y 1990, González Posada era su ministro de Justicia, es decir, estaba directamente implicado en la masacre de cerca de 300 presos políticos de los penales de Lurigancho, El Frontón y Santa Mónica el 19 de junio del 86. Ahí va la coherencia política de las turiferarias. Y si es cierto lo que comenta una de las co-editoras de laperiódica, Violeta Barrientos, de que esa medalla Varela "la recibió cuando ya ni hablaba o se daba cuenta"tanto peor para sus alabanceras, que en ese momento no “desvariaban”, que se sepa.

laperiódica le debe una disculpa, no a mí, pues eso me importa muy poco, sino a la comunidad cultural peruana por normalizar ideologemas absolutamente inaceptables en las expresiones de Varela: por ejemplo, la discriminación sexista (la infeliz y cacareada frase “todas las  mujeres son putas”), la clasista (“hijo de militar”), la homofóbica (Luis Cernuda es “marica”), la antisemita (Alejandro Toledo “es más judío que indígena” –por su ambición personal–) y la racista (“el indígena está corrompido porque aspira a cosas que no son de él, aspira a algo que no le corresponde”, o sea, el poder político, el bienestar económico, se entiende, cuando Varela habla de Alejandro Toledo, a quien llama “un indio, un cholo”; o sus risas contra el afrocubano Nicolás Guillén, burlándose de la sonoridad del habla afro y la calidad literaria de Sóngoro Cosongo). Sin olvidar, claro, su hoy celebrado (por algunas de sus admiradoras) poema racista “Muchachita negra”, ya desde 1945. (Un análisis de ese texto por la poeta y activista afroperuana Mónica Carrillo se encuentra aquí; también Giancarla Di Laura se viene ocupando del tema desde el 9 de agosto en su página de Facebook, como se indica más arriba). En suma, la “corrección política”, que tanto parecen reclamar, se les fue por la borda.

Lamento, pues, decir con ajeno bochorno que en la entrevista del 2005 Varela recurre a la trillada estrategia de la “risita limeña”, o sea, a denigrar a quienes solo intentamos hacer lo mejor por el Perú al asumir posturas claramente críticas del “establishment” cultural, aupado desde siempre a los aparatos de un poder oficial profundamente discriminador y corrupto. Y lo hace, por añadidura, con alcohol de por medio, según se revela en los subtítulos de la entrevista ("Primeros tragos", "Open Bar"), cosa que confirma Mario Vargas Llosa para otras ocasiones, de acuerdo con la propia Cabrera, pues hablaba "ayudada por un par de whiskies para vencer su timidez". Usar la “sororidad” como excusa para normalizar la diatriba y desviar la atención sobre el carácter político (y de tinte policial, recordemos) de este debate les hace flaco favor a las justas causas por la igualdad estructural de hombres y mujeres. Mejor hubiera sido dejar todo este asunto en simples "desvaríos" y no dignificarlo de manera tan penosa. Obviamente, nada de esto invalida la obra poética de Varela en sus libros publicados, pero sí revela mucho de su ideología (al menos en la entrevista) y de las prácticas periodísticas de algunas varelianas por justificarla.

Trabajemos juntos, estimadas colegas, y dejemos las generalizaciones que tergiversan los hechos y confunden a los desinformados. Hay amplísima documentación más sobre el tema, que ya lleva cuarenta años de vida y me guardo por ahora, pero creo que todos tenemos mejores cosas que hacer que seguir rizando el mismo rizo eternamente. A menos que insistan en el “miente, miente, que algo queda” para seguir ocultando antiguas responsabilidades y agendas contemporáneas. Sinceramente, espero que no.

Feliz Navidad, por un Perú más justo y menos discriminador.

Boston, 23 de diciembre del 2020



Poéticas del flujo: migración y violencia verbales en el Perú de los 80 (2002), libro que causó las iras de algunos autores en su momento, hoy renovadas.


Addendum del 8 de febrero del 2021

Al artículo anterior respondieron el 28 de enero del 2021 las ex miembros de la revista "Casa de Citas" (Claudia A. Arteaga, Olga Rodríguez Ulloa y Luz Vargas) en el número 2 de laperiodica.pe.

Lo primero que sorprende es que declaren que la entrevista a Blanca Varela aparecida en marzo del 2005 en su revista se hizo en realidad dos años antes, el 2003, y luego fue Fernando Toledo quien la editó varios meses después.

Esto deja sin argumentos a Teresa Cabrera, que afirmaba que las declaraciones de Varela habían sido una reacción defensiva de la poeta hacia sus congéneres más jóvenes, algunas autoras de la Generación del 80, a quienes supuestamente yo había atacado en una entrevista de marzo del 2004. Si eso fuera así, Blanca Varela habría tenido que viajar por el tiempo para saber lo que yo iba a declarar un año después (lo que de paso, como ya he señalado, está más dirigido a los críticos de esas poetas que a las poetas mismas).

En fin, con fechas imprecisas, falta de fuentes primarias y mala voluntad se puede hacer cualquier cosa. Los desenterramientos vienen del propio ex editor de la revista y un amigo suyo de rivalidades académicas, así como de los dos anélidos que repiten solamente la parte de la entrevista referida a mí y Eduardo Chirinos, fallecido el 2016 y por lo tanto sin posibilidad de defenderse. 

Las editoras de la periódica y las ex entrevistadoras de "Casa de Citas", sin conocer bien las fuentes, solo les sirven de furgón de cola, para colmo ninguneando de la manera más machista a dos intelectuales de primer nivel como Giancarla Di Laura y Mónica Carrillo. (Ver el artículo de Silvio Rendón publicado el 8 de febrero del 2021 en su página de Facebook "El gran Combo Club"). Y, de paso, glorificando, como Cabrera, la infamante frase de Varela que afirma que "todas las mujeres son putas" y haciendo pasar por agua el racismo que también muestra en la entrevista. Basta volver a ese diálogo publicado en marzo del 2005 para comprobarlo. 




1 comment:

  1. Sostenida y clara su posición. Valgan verdades, duele leer comentarios tan desatinados de una poeta tan representativa. Pero, bueno, no siempre hay articulación entre la altura poética y la altura ética. Saludos de un cholo poeta que aspita a cosas que sí le corresponden.

    ReplyDelete

PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE PERUANISTAS Y SALUDO AL PRESIDENTE PEDRO CASTILLO

 PRONUNCIAMIENTO DE LA ASOCIACION INTERNACIONAL DE PERUANISTAS Y SALUDO AL SEÑOR PRESIDENTE ELECTO  PEDRO CASTILLO Como se sabe, la Asociaci...